jueves, 3 de octubre de 2013

Pequeña historia de una buena profesora

Esta es la historia de una profesora que puede llamarse Laura, Esperanza, Miriam, Mercedes... Una maestra tan abnegada que sus alumnos aprenden casi sin darse cuenta y con alegría. Tan buena es esta profesora que muchas veces se hace invisible y sus alumnos continuan trabajando sin que ella esté presente. Pero eso sí, cuando algún alumno la necesita ella siempre está allí.

Una maestra afable, de sonrisa ligera pero permanente, siempre atenta a los pequeños detalles y a los gestos de reconocimiento. Despierta y entusiasta porque su profesión coincide con su vocación.

Recuerda el nombre de cada uno de los alumnos y alumnas a los que ha dado clase. También conoce cuáles eran sus virtudes y sus defectos lo que le permite orientarlos para conseguir lo mejor de ellos como personas y como ciudadanos.

Una profesora con la capacidad de embelesarte contándote el cuento más fantástico del mundo y, al mismo tiempo, sorprendente con su dominio de los aparatos tecnológicos más modernos. Domina el arte clásico de la enseñanza y conoce las pedagogías más emergentes.

Así es con sus alumnos, pero también con sus compañeros de claustro, a los que escucha, a los que ayuda y anima... y cuando puede los embarca en los más diversos proyectos para innovar la manera de enseñar en su centro.

Así es esta profesora..., ¿crees que podrías ser tú?

6 comentarios:

  1. Me gusta esta historia y su tono positivo. Pequeña pero no sencilla a la hora de llevarla a la práctica. Si no, todas las profesoras y profesores serían como la protagonista.

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    1. Gracias Alberto. Yo solo deseo que muchos docentes quieran ser así. Saludos

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  2. Creo que todos los maestros tenemos muchas de las cualidades o habilidades de Laura. Me niego a pensar que no podemos ser como Laura o que existan pocas "Laura". No conseguiremos un cambio educativo si no somos "quijotes" de la educación, si no somos las "Laura" del siglo XXI. Todo esto tiene sentido por una razón muy sencilla: Laura es lo que es, se siente maestra, vive su ser educadora, se muestra apasionada con su vocación, y comparte su experiencia educativa con sus compañeros... porque, creo, VIVE con gran celo educativo su entrega diaria a sus alumnos. Hoy, TODOS SOMOS LAURA. En mi colegio tengo muchos "Laura". ¿Y yo? Querido amigo Salvador. Te respondo a tu invitación. En mayor o menor medida, mejor o peor, mucho o poco, ¡SÍ... creo que tengo algo de Laura! Más aún. Siento, humildemente, que tengo que seguir madurando mi "ser" Laura. Ese espíritu de mejora diario es lo que me hace disfrutar con mi trabajo. Mañana compartiré este relato con mis alumnos, pero lo haré de la mejor manera que sé hacerlo: "siendo" Laura entre ellos, "siendo" Laura con ellos y "siendo" Laura para ellos. Pienso manifestar "mi mejor Laura".

    PD. Gracias por esta bella historia. De Laura a Laura.

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    1. Coincido contigo Agustín. Hay muchas "Lauras" y esa es la gran esperanza de la educación. Por eso vale la pena luchar cada día. Gracias Agustín

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  3. Tuve varios profesores en educación básica que coinciden con esa descripción, sin duda influyeron positivamente en mi vida.

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  4. Yo he tenido un par de profesores así. La profesora que me tocó en prácticas era así. Y yo creo que doy bastante bien el perfil. Aunque siempre se pueden mejorar las pequeñas cosas :)

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