lunes, 22 de julio de 2013

Educar es emocionante, educar es emocionar


Dedicarse al mundo de la educación es como estar permanentemente montado en una enorme montaña rusa. A muchos docentes les encanta esa sensación de vértigo constante. Otros muchos viven con la inquietud de querer que la montaña rusa se pare cuanto antes, pero justo en el momento en que se detiene, están deseando que se ponga en marcha otra vez.

Educar supone, en muchas ocasiones, una descarga de adrenalina (o algo por el estilo) que crea cierto estado de adicción, del que no es necesario desintoxicarse, sino todo lo contrario, potenciarlo para educar cada vez mejor.

Sí, educar es emocionante, pero también es emocionar, porque implica a las emociones, a los sentimientos, a lo más íntimo y profundo de la persona.

Casi siempre olvidamos que la educación, como las plantas, crece en dos direcciones:
-Hacia afuera (arriba): hojas, flores (lo social, lo laboral... lo colectivo).
-Hacia dentro (abajo): las raíces (lo personal, el yo... lo individual).

La educación escolar tradicional se ha preocupado casi exclusivamente de que la planta (el alumno) diera verdes hojas y hermosas flores, pero casi nunca se ha ocupado de que sus raíces fueran grandes y profundas para permitirle asentarse bien y poder alimentarse de todo aquello que la tierra le ofrece.

Esas raíces grandes y fuertes solo puede proporcionarlas una educación emocional sistemática y planificada en nuestras escuelas.

En alguna otra ocasión he planteado la metáfora del profesor como labrador que trabaja la tierra para lograr más y mejores frutos. Ahora, me gustaría añadir dos matices más: que todo labrador sabe que debe cuidar la tierra donde cultiva: debe ararla, abonarla, regarla... para no convertirla en un terreno yermo, sin vida. Y que también debe conocer qué tipo de tierra es y cuál es el cultivo que mejor se adapta a sus características.

En el ya un poco antiguo, pero todavía válido, Informe Delors (UNESCO, 1998) la educación del siglo XXI se basa en cuatro pilares:
-Aprender a conocer.
-Aprender a hacer.
-Aprender a ser.
-Aprender a convivir.

Quisiera completar esta idea presentando los cuatro cuadrantes que define Ken Wilber para explicar todo fenómeno humano. Para poder comprender íntegramente cualquiera de estos fenómenos (y, por supuesto, la educación) deben abordarse los cuatro:


Podemos concluir que la educación solo será efectiva si se ocupa de manera integral de todos los ámbitos de la persona.

Sin emoción no hay aprendizaje. Para un docente es tan importante el dominio de su materia, como lo es ser emocionalmente inteligente: enseñamos a conocer pero, inexcusablemente, también enseñamos a ser.

18 comentarios:

  1. Me parece muy claro el artículo y es que educar implica a la persona completa en todas sus dimensiones. en las que, las emociones juegan un papel vital.
    Como educadores hay que tener presente que la educación es integral y personal.

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    1. Muchas gracias Jimena, eso era justo lo que pretendía comentar con el post. Un saludo

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  2. Muy bueno. Interesantes reflexiones. Enhorabuena (no por el artículo, sino por ser educador...) ;-)
    "Excelente maestro es aquel que, enseñando poco, hace nacer en el alumno un deseo grande de aprender". Arturo Graf (1848-1913), escritor y poeta italiano.

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    1. Gracias! Todos somos educadores... debemos ser conscientes de este hecho.

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  3. Estupendas reflexiones, como siempre. Me alegro de compartir contigo profesión y emoción, desde luego educar es emocionante y sobre todo emocionar. Brindo por todos esos maestros que intentamos cada día crecer hacia afuera y hacia dentro, que bonita tarea.

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    1. Me encantan tus comentarios porque siempre transmiten entusiamo y pasión por la educación. Saludos

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  4. Y yo..que intento contagiar con mi virus llamado "educación emocional", con algun@s lo consigo...otr@s se resisten...Tantas satisfacciones da trabajar con ella, y con las emociones de nuestr@s alumn@s...
    gracias por el post!
    Silvina

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    1. Gracias Silvina. A los que se resisten... doble ración de emoción ;-))

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  5. Cuando un aprendizaje va unido a una emoción, este es mucho más profundo y duradero. ¡Muchas gracias por estas palabras!

    María
    En el corazón de Infantil

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  6. Muy valioso el artículo! La educación es integral y la emoción es parte de la persona. Gracias por compartir tan importantes palabras! Saludos, Cristina.

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    1. Gracias Cristina. Por tu continuo aliento y tus comentarios.

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  7. El artículo nos habla que la educación no se puede parcelar en compartimentos estancos. Fluye y afecta a todos los àmbitos: personal, familar, cultural, social... y a todas las edades... e nos implica emocionalmente a todos. Rosa Rodriguez Gascons, pedagoga.

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    1. Gracias Rosa. Me parece una síntesis muy acertada de lo que pretendía decir en el post.

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  8. Cuando un aprendizaje se realiza vinculado a una emoción , éste se interioriza, queda grabado. Yo creo que es muy importante aprender desde peques en transitar con las emociones, las propias y las de los demás, pues es algo inherente a la persona y se debe aprender a asumir tanto las emociones buenas como las que no lo son tanto. De ahí surgirá después un joven, adulto integral o no. Carme Pau.

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  9. Maravilloso artículo, siempre me emocionas con tus palabras y reflexiones, pero que dura es, en ocasiones esta profesión, gracias a tus palabras tengo en muchas ocasiones un balón de oxígeno y optimismo que me ayuda a seguir emocionándome con lo que hago.

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  10. Muchas gracias Myriam. Comentarios como el tuyo sí que son un balón de oxígeno para mí. Es una profesión dura, sí, pero no se me ocurre una ocupación mejor que la de formar personas. Un saludo

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  11. Yo tuve algunos excelentes profesores y gracias a ellos te mantenías a flote, cuando venían los "otros" desanimadores profesionales podías repeler esos ataques. Veo con preocupación como hay profesores, jefes de estudios que no entienden su papel y torpedean la autoestima de los chic@s; que están ahí para hacer esa labor tan importante que ud plasma aquí, de dotar de herramientas, de ayudarles a crecer en confianza, a descubrir sus capacidades, a animarlos! Ojalá haya más de los suyos!

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