martes, 22 de abril de 2014

Un libro, un niño que lee... la educación

Mañana, día 23 de abril, se celebra en mi ciudad una de las fiestas más bonitas que uno puede vivir. Las calles se llenan de rosas y, lo que resulta más sorprendente, se engalanan con libros de todos los colores, olores y sabores... porque los libros son para vivirlos con todos nuestros sentidos.

Dicen que se celebra el Día del libro, pero yo no estoy del todo seguro. Los libros deberían celebrarse los 365 días del año porque un libro es una puerta que te permite entrar en otros mundos, en otras vidas, en otras experiencias, en otros yo.

¿Qué es un libro? ¿Cómo son los libros?... me pregunto de vez en cuando. ¿Un libro es de papel? ¿Tiene palabras escritas? ¿Tiene hermosas ilustraciones? ¿Es grande o pequeño? Un libro es como tú quieras que sea, pero sobre todo es un agujero en una pared, un puente hacia el mundo de la fantasía, un espacio de ilusión y una tentación para nuestra curiosidad. Lo que sé seguro es que un libro es un objeto inacabado, solo acaba de coger forma en manos de un lector y, depende de cómo se lea, coge una forma u otra.

Hace un año escribí que no concibo la educación sin libros. Ahora me gustaría añadir que no concibo la educación sin cuentos, sin historias, sin teatro, sin cine, sin arte... Un niño que lee, que vive historias, es un niño que aprende disfrutando y eso, en los tiempos que corren, es todo un lujo. Un niño que lee es un adulto que se va creando, que se va construyendo poco a poco, que va formando su pensamiento, que acabará pensando por sí mismo.

Si nuestros alumnos leen, nuestros alumnos aprenden.

Quiero acabar este post con una frase de uno de los escritores que más me ha enseñado sobre educación, sin hablar de ella... ¿se os ocurre una definición mejor de lo que es educar?

"Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez." Gabriel García Márquez

lunes, 14 de abril de 2014

Una escuela abierta al mundo: educar buscando a Nemo

Las aulas de nuestras escuelas son peceras... y nuestros alumnos y alumnas, los peces que las habitan. Aunque es verdad que hay muchos tipos de peceras (desde esas pequeñitas que solo pueden contener un pececito de color hasta aquellas que pretenciosamente quieren simular el fondo del océano y tienen plantas, piedras e incluso los restos de algún buque pirata), una pecera siempre limita a los que habitan en ella. Del mismo modo hay múltiples tipos de aulas y estas siempre limitan a los alumnos que estudian en ellas.

El aprendizaje verdadero no puede producirse en una pecera, por muy grande y moderna que esta sea. La educación de un niño se produce en el mar, en las profundidades de los océanos, o lo que es lo mismo, en su casa, en la calle, viendo la televisión, haciendo cualquier deporte, navegando por internet, viajando en transporte público o en el auto familiar, escuchando la radio, jugando a un videojuego...

Un símil que me parece muy oportuno para describir lo que debería ser la educación es la película de Pixar Buscando a Nemo. En ella se muestra que el aprendizaje se produce en el camino de búsqueda de Nemo, en las vivencias, en las experiencias, en el contacto con otros animales con costumbres (culturas distintas), en situaciones reales a las que hay que dar respuestas creativas... Y deja en evidencia que la educación actual fuera una película su título sería Buscando memos.

En la película de Pixar, Marlín es el padre sobreprotector que aprende que para educar a su hijo tiene que dejarle “suelto”. Nemo es el hijo capaz de afrontar los problemas, las situaciones nuevas... capaz de adaptarse a las nuevas necesidades. Y, por último, permitidme la licencia de decir que Dory es el personaje que demuestra que la memoria no es el elemento más importante en la educación de nuestros alumnos sino que lo son los valores, las emociones, los sentimientos, la creatividad, la iniciativa y la autonomía personal...

La escuela, por definición y por tradición, es un espacio cerrado, seguro, controlado y controlable (panóptico); pero para educar de manera significativa debemos abrirla, ir más allá, conectarla con la vida misma, con el mundo, con la sociedad, con las personas... Se dice que para educar a un niño hace falta la tribu entera, pero en realidad deberíamos decir que para educar a un niño debemos dejarlo interactuar con la vida entera.

lunes, 7 de abril de 2014

La educación líquida: ¿les enseñamos a nadar?

Tras leer un post antiguo de mi blog, un amigo, padre de dos hijos en edad escolar, me preguntó: "¿Qué es eso de la educación líquida? ¿Ahora hay que enseñar a los niños a nadar?"

En un primer momento su pregunta me hizo sonreír, pero luego me di cuenta de que quizás no iba tan desencaminado...

La educación tradicional, la que aún hoy impera en la mayoría de nuestras aulas, lo único que aporta a nuestros alumnos es un flotador para que evitar que se hundan en las profundidades del mar de la educación.

Les proporciona tan solo una tabla de madera que los mantiene a flote (como a los náufragos de las historias de piratas), pero los lleva a la deriva a merced de los vientos y las mareas.

Con este tipo de educación, los futuros ciudadanos de nuestra sociedad no disponen de las herramientas que les deberían permitir adaptarse a los cambios constantes de nuestro mundo.

El nuevo paradigma educativo debe enseñar a nadar nuestros alumnos. Debe enseñarles a hacerlo en distintos estilos (crol, espalda, mariposa, braza) para que puedan nadar contracorriente, para que puedan dirigirse hacia donde ellos quieran y no hacia donde les lleve la corriente.

Esos estilos de natación que debemos enseñar en nuestras escuelas son las competencias clave (o básicas) que les han de permitir aprender a lo largo de la vida, que les han de permitir dirigir sus pasos hacia los objetivos que se propongan.

Mi amigo tenía razón: educar en estos tiempos líquidos es enseñar a nadar en las agitadas aguas de estos tiempos de incertidumbre.

domingo, 30 de marzo de 2014

La docencia y la música

Música y educación tienen mucho en común. Por este, y por mil motivos más, la educación musical nunca debería desaparecer de nuestras escuelas.

Un profesor ante su clase debería ser como un músico de jazz en una sesión de improvisación. A partir de una estructura, con un principio y un final predeterminados, se trata de que el docente sepa manejar los instrumentos de los que dispone, los ritmos, los tempos, etc. en función del momento, de la situación y de la reacción de sus oyentes y de él mismo, para crear una sesión que eleve el espíritu, que emocione, que lleve al aprendizaje significativo.

Pero lo más importante es que el docente sepa hacer participar de esa armonía al resto del grupo: a sus alumnos y alumnas (y, por supuesto, a otros docentes), porque sin ellos la interpretación no tiene ningún sentido.

No debemos olvidar que el profesor crea una "pieza musical" por y para sus alumnos, nunca para el lucimiento personal, para la "autocomplaciencia" (palabra que se me acaba de ocurrir para hacer referencia a la autocomplacencia y al hecho de priorizar "la ciencia" (el contenido) a los alumnos.

Algunos pensarán que más que un músico de jazz improvisando, el docente debe ser un director de orquesta. Su labor sería la de hacer sonar afinados y a tiempo los distintos instrumentos y velar para que los músicos/alumnos sigan las notas de la partitura al pie de la letra. Lo malo es que en nuestras escuela esa partitura son los currículos oficiales. 

Pero como dice Nuccio Ordine: "A menudo se olvida que un buen profesor es ante todo un infatigable estudiante". La docencia implica una búsqueda inacabable de nuevos caminos, de nuevas formas de educar en un mundo que se transforma a la velocidad de la luz. Lo que hoy sirve para educar a nuestros alumnos, quizá mañana no sirva para nada. Por este motivo, el docente debe aprender a convivir con un punto de improvisación en sus clases.

Los docentes escriben cada día en sus aulas las más hermosas melodías... y esperan que, un día no muy lejano, se conviertan en hermosas obras de arte.

jueves, 20 de marzo de 2014

TuuuLibreria: una librería solidaria

Como sabéis el pasado día 18 el blog cumplió dos años. Para celebrarlo, he decidido hacer lo que creo que se ha convertido en la clave de los procesos de enseñanza: COMPARTIR.

Para ello he decidido abrir el blog para difundir aquellos proyectos educativos sin ánimo de lucro que considero de interés y así aportar mi granito de arena en su difusión. He pensado hacerlo en formato entrevista... 

Si eres una persona o entidad con un proyecto interesante, ponte en contacto conmigo a través de Twitter o Facebook y te cedo un espacio para que lo compartas con todos nosotros. Espero que os sea de interés esta nueva sección.

Inciamos la sección con TUUULibrería. Catalina Benavides, responsable del proyecto, ha respondido este cuestionario:

- ¿Cuándo y por qué nace TuuuLibrería?
La iniciamos en septiembre de 2012 como parte del conjunto de proyectos de nuestra ONG
Yooou, fundada por Alejandro de León y volcada en promover la cultura y mejorar las condiciones educativas de los niños. Por esto mismo, a través de la librería, pretendemos evitar la destrucción de libros y promover a su vez su reutilización. Nuestro objetivo principal es hacer que la cultura sea accesible a todos: no vendemos ni los libros ni las películas que hemos recibido por donación, sólo las ponemos a disposición de todo aquél que las necesite. El coste no se convierte en impedimento: no hay precio establecido y todo aquél que se lleve material de disfrute, deja su donativo para que el proyecto siga en pie. Por todo lo dicho, cualquier persona puede venir a TuuuLibrería y llevarse a casa los libros y películas que desee por el valor que considere oportuno.

- ¿A cuántas personas proporciona servicio?

A todas aquellas personas que quieran colaborar con el proyecto, ya sean particulares, entidades o instituciones. Nuestro sistema de donaciones se convierte en un modelo simbiótico en el que todos entramos en una rueda de “inter colaboraciones”: el material cultural (libros y películas) se recibe en la librería por donación de aquellos que no saben qué hacer con ello, se coloca a disposición del público y además se reubica en bibliotecas, centros educativos y fundaciones donde sí se necesita. A su vez, otros centros y entidades donan por expurgo sus libros y volvemos a iniciar el circuito: incluso, a través de campañas con universidades, empresas y fundaciones, recaudamos fondos para fines benéficos, contemplando, entre otros objetivos, el envío de libros a otros países.

- ¿Por qué es obligatorio dar un donativo?

Los donativos y las suscripciones son el único sustento económico del proyecto, y, en este sentido, pedimos un donativo en consonancia con los libros que la persona se lleve. En este sentido, apelamos a la responsabilidad de los visitantes que, en todo momento, deben concienciarse de que el libro tiene un valor y de que el donativo económico que se deposite por ellos debe reflejarlo de algún modo: la generosidad y el compromiso de la ciudadanía es fundamental. No obligamos en ningún caso a que las donaciones económicas reflejen el precio del libro: lo que pedimos es que, al menos, el donativo refleje compromiso hacia el proyecto, respeto por el trabajo de las personas implicadas, sentido de lucha para que el libro no se recicle, compañerismo hacia los más necesitados y hacia las inicias colaterales que conllevan el enriquecimiento de espacios públicos y privados que tienen como norma compartir la cultura escrita. Si no incentivamos esta actitud, las iniciativas sociales tienen los días contados

- ¿Qué objetivos de futuro tiene TuuuLibrería?

El fin hacia el que nos encaminamos es sensibilizar a la población para reutilizar un bien cultural, como es el libro en este caso. El libro es por excelencia el reflejo más inmediato de nuestro patrimonio cultural; en España, al igual que en medio mundo, se están destruyendo miles de libros al año. Las novelas, películas y documentales nos están demostrando que es fundamental concienciar a la población en estos términos; no dejamos de recibir avisos de bibliotecas escolares en las que un George Orwell o un Ray Bradbury son lectura obligada: no olvidemos que un Farenheit 451 es siempre posible y que esta tecno sociedad que estamos construyendo no debe perder el sentido de equilibrio entre la cultura digital y la cultura material que, entre otras, tiene la capacidad de humanizar al hombre y sus espacios. El libro no se limita sólo al contenido de lo escrito: adquirir y degustar la cultura no es sólo una cuestión de información. La cultura debe entenderse como un conjunto de interrelaciones y realidades, y la complejidad de todo lo que esto implica, se mueve en un sentido mucho más amplio.

Desde otro ángulo de análisis -y sin necesidad de ser alarmistas-: es fundamental –y la situación lo demanda- crear una vía alternativa al mercado establecido de primera mano. Nuestro país necesita alternativas que funcionen en paralelo a las más convencionales y establecidas y, aunque ya hace décadas que muchos negocios se iniciaron con esta premisa, crear una red de intereses comunes es algo que, en cierta forma, todavía no se ha conseguido. Somos una librería solidaria y nos enmarcamos dentro de este sector de la reutilización y el reciclaje responsables, con la firme convicción de que en un futuro seamos parte de una red más consolidada.

sábado, 15 de marzo de 2014

Elogio de lo inútil en la educación

"Largo es el camino de la enseñanza por medio de teorías; breve y eficaz por medio de ejemplos." Séneca

Dicen que la escuela como garante de transmisión de conocimientos ha fracasado, que no es capaz de cumplir satisfactoriamente esta función. Por este motivo, hace tiempo que le pedimos que enseñe competencias y no datos, que forme alumnos capaces de hacer cosas y no alumnos que solo sean capaces de recordarlas y recitarlas de carrerilla. 

En nuestros días, el alumno inteligente no es el que contiene en su memoria miles de datos (muy útiles para ganar en el Trivial o para participar en concursos de televisión) sino el que es capaz de tomar decisiones nuevas para nuevas situaciones, porque los objetivos a alcanzar son siempre cambiantes.

Es inaceptable, pues, que todavía haya docentes que eduquen a sus alumnos pidiéndole un acto de fe. Les aseguran que lo que aprenden en la escuela les servirá para la vida... pero lo hacen con actividades y explicaciones "absurdas", con teorías científicas que no tienen ninguna utilidad práctica para lo cotidiano. Y lo peor de todo es eso queda justificado y amparado por los currículos educativos vigentes.

Por todo ello reivindico que lo inútil debe estar presente en la escuela. Cuando hablo de lo inútil me refiero a la música, a las artes plásticas, a la literatura, a la ética, a la filosofía, a la ciudadanía..., es decir, a todo aquello que nos hace críticos y enriquece nuestro espíritu; a todo aquello que va más allá de lo mercantil y lo económico. Lo inútil dignifica nuestra profesión más allá de los sistemas escolares y las leyes educativas.

En este contexto, ¿qué puede hacer un docente en su aula, en su escuela? Puede, y debe, hacer mucho (nunca lo pongáis en duda): puede estar abierto a la innovación constante, puede emocionar a sus alumnos, sorprenderles, puede plantearles retos constantes, mantenerlos siempre despiertos, siempre motivados, participativos.

Lo inútil es lo que hace a la educación un arma capaz de transformar a las personas y a la sociedad.

miércoles, 5 de marzo de 2014

La luz al final del túnel de la educación

Estos últimos días ando un poco preocupado... Sabéis que este blog tiene como objetivo reflexionar sobre la educación en tiempos de crisis. Pues bien, ahora resulta que, según los responsables políticos, la crisis se está acabando: ¡ja,ja, ja! Yo no me lo acabo de creer: hay unos 6 millones de parados, el estado del bienestar ha quedado bajo mínimos, están intentando desmantelar la sanidad y la educación pública, etc., pero según ellos hay "brotes verdes" y "se ve la luz al final del túnel". Si la crisis económica llega a su fin, ¿tendré que cambiar mi blog?

No. Primero porque, desgraciadamente, la crisis y sus consecuencias nos acompañarán durante muchos años por mucho que digan los políticos de turno y sus intereses electorales.
Y en segundo lugar porque, por definición, la educación siempre está en crisis y ahí reside su grandeza. Siempre son tiempos de crisis para la educación, pero no en sentido económico, ni negativo.

La educación siempre está en crisis porque es un proceso sin fin, un proceso que jamás puede culminar pues cuanto uno más se acerca a un objetivo, aparece otro más allá y así sucesivamente hasta el infinito. La educación de una persona es un proceso permanente que dura toda la vida... jamás se puede dejar de aprender. Nunca es tarde para aprender algo nuevo, siempre se puede seguir otro camino y llegar a un nuevo destino. Para muestra está mujer de 92 años que acaba de graduarse en educación primaria. 

La crisis es el estado natural de la educación porque los cambios en la sociedad son cada vez más rápidos y los sistemas educativos actuales (inflexibles y obsoletos) no tienen capacidad para adaptarse a ellos.

Pero para que cumpla con su cometido, si la educación está en un túnel, lo importante es que siempre veamos luz al final del mismo. Esa luz debe ser la que emana de nuestros niños y jóvenes, la que nos guíe para cubrir sus necesidades, siempre cambiantes, como personas y como miembros de la sociedad.

Todos los docentes y educadores perseguimos esa luz, unos con más fortuna que otros. Unos vamos hacia ella poco a poco con el paso cansino del desánimo, otros, en cambio, nos dirigimos hacia ella a toda velocidad empujados por la fuerza de la innovación constante y la búsqueda de nuevos retos.

Ningún docente puede permitirse entrar en el túnel de la educación, sin ver una luz al final del mismo... no podría cumplir con su labor.