lunes, 27 de julio de 2015

La escuela que excluye no educa

"Cuando tenía cinco años, mi madre siempre me decía que la felicidad es la clave para la vida. Cuando fui a la escuela, me preguntaron qué quería ser cuando fuera mayor, escribí: 'feliz'. Me dijeron que yo no entendía la pregunta. Les dije que no entendían la vida." John Lennon

Uno de los grandes problemas de la educación actual es que está planteada en términos de ganar o perder, como si se tratara de una competición deportiva. En esa competición los que tienen unas determinadas destrezas y habilidades alcanzan la victoria o, al menos, los puestos de honor, mientras que los demás quedan fuera del podio, bajan de categoría o son descalificados y se les aparta del juego.

La cuestión esencial es que en educación no debería haber categorías y nadie debería quedar "fuera de juego" sino que, por definición, la educación debería ser siempre inclusiva. Nadie debería salir del sistema educativo siendo un perdedor.

En los sistemas educativos actuales hablamos de fracasados escolares cuando solo debería hablar de escolares, cada uno con unas necesidades y unos talentos distintos... porque no hay dos alumnos iguales por muchos que nos empeñemos en que todos pases por el mismo filtro. La escuela debe ser capaz de potenciar los talentos de todos y cada uno de los estudiantes.

Imaginemos a un niño o una niña con grandes cualidades para la práctica del ping-pong: velocidad, reflejos, coordinación de movimientos, una muñeca flexible...; a pesar de ello, le obligamos a practicar la natación porque todo el mundo debe practicarla. Puede que con esfuerzo y sacrificio (sufrimiento y angustia) consigamos que sea un nadador aceptable o puede que se rinda y odie la natación, el agua y las piscinas. Lo que es seguro es que así se habrá perdido un excepcional jugador de ping-pong y puede que incluso una persona válida para la sociedad.

Algo parecido sucede con la mayoría de los alumnos que estudian en nuestras escuelas; escuelas que encorsetan, limitan y excluyen a muchos (demasiados) alumnos; escuelas que no educan a personas capaces de de afrontar la incertidumbre de un futuro cambiante y desconocido; escuelas que corren el peligro de quedar obsoletas por no ser capaces de transformarse y adaptarse a los tiempos que corren.

Una escuela que educa es una escuela que enseña a pensar, a ser crítico, a ser competente, a ser creativo, a ser innovador, a valorar a los demás y a uno mismo. Así es la escuela que estamos construyendo.

P.D.: Si has llegado a este post a través de Wikisaber, espero que este sea el principio de un provechoso intercambio de experiencias y reflexiones educativas.

lunes, 20 de julio de 2015

El docente como pianista: amor y pedagogía

"La educación debería considerarse un viaje de descubrimiento. Debería estimular las llamas de la imaginación y encender el fuego de la curiosidad." Richard Gerver

No tengo ninguna duda de que, en educación, las estadísticas, los datos, las cifras y los gráficos tienen su importancia. Pero relativa... muy relativa, porque la educación también tiene que ver con las emociones, con los sentimientos, con el amor.

Si alguien tiene alguna duda de esta afirmación le invito a leer la entrada que mi amigo y admirado educador Agustín de la Cruz (@agustindelacru2) escribió hace unos días en Facebook. Si cuando lo leas no sientes la energía y el espíritu renovado para seguir luchando por la educación... es que, posiblemente, deberías dedicarte a otra cosa.

Agustín es un valiente y explica con pasión y entusiasmo cómo entendemos muchos la educación más allá de leyes, currículos y tópicos; la educación como algo que trasciende a la mera transmisión de conocimientos. Cuánta razón tiene cuando dice que:

"Los jóvenes nos están llamando. Nos piden que pensemos, sintamos, soñemos, lloremos y riamos, suframos, estudiemos, "caminemos"... a su lado. Démoslo todo por ellos. De 100 igual "salvamos" 90, p.e., pero no podemos consentir que pasen desapercibidos por nuestras vidas, que no seamos "huella" en sus vidas... Tenemos que acompañarlos, en lo bueno y menos bueno, pero siempre pensando que... "puede ser" que consigamos doblegar su "rocoso corazón". No dudemos en "estar siempre ahí", en ser sus confidentes, pero también sus "educadores -preventivos-", que saben leer las amenazas de la vida y ser los centinelas que avisan de los problemas que acechan a sus vidas."

Y es que no hay otra forma de educar que estar convencido de que todos y cada uno de nuestros alumnos (o hijos) tienen algo que aportar, tienen algo especial que mostrar, algún talento que compartir. Por eso debemos cambiar nuestra manera de enseñar, nuestra manera de relacionarnos con los chavales con los que compartimos el día a día, con los que reímos y lloramos, a los que enseñamos y nos enseñan..., es decir, a los que amamos. Porque no hay mayor acto de amor que educar.

Pero no debemos olvidar que ese acto de amor no se produce de manera "mágica" sino que es el resultado de saber aplicar los recursos pedagógicos y didácticos adecuados en los momentos precisos. Imaginemos que un educador es un pianista. Para que suene una música hermosa, sus dedos deben tocar las teclas adecuadas, en el momento idóneo, a la intensidad correcta, al ritmo pertinente... el pianista debe tener una técnica muy precisa pero al mismo tiempo una intensidad emocional y una sensibilidad especial. Lo mismo sucede con un educador.

Me gustaría acabar con las palabras de Ray Bradbury: "Acuérdense del pianista cuando decía que si no practicaba un día, se daba cuenta él; si no practicaba dos días, se percataban los críticos; y al cabo de tres días, se daba cuenta el público." No dejes de innovar, de formarte, de buscar nuevos caminos, nuevos retos... si no tus alumnos se darán cuenta.

domingo, 12 de julio de 2015

Carta de (des)amor a la Educación

Querida Educación:

Hace casi 30 años que te conocí y sigo dedicado a ti con la ilusión del primer día. Sabes que lo nuestro fue un amor a primera vista, un flechazo de los que llegan a lo más hondo del alma y que nuestra relación durará toda mi vida.

La verdad es que en estos casi 30 años no has cambiado nada, te conservas igual que el primer día. Pero eso que en un ser humano puede resultar un halago, en ti es más bien un reproche. Ha pasado el tiempo, la sociedad ha cambiado, la tecnología ha progresado, la ciencia ha formulado nuevas teorías... pero tú te empeñas en permanecer inalterable como si todo eso no te incumbiera.

La verdad es que no estoy contigo por lo que eres, sino por lo que sé que puedes llegar a ser. Por eso, creo que ya es hora de que dejes de mirarte el ombligo y te decidas a cambiar. Aunque, en realidad, tú eres como te hacemos los que estamos contigo, te pediría que pusieras todo lo que esté en tu mano para ser distinta, que hagas de la innovación tu motivación principal.

Me gustaría que fueses más colaborativa, que dejes de ser tan competitiva y que permitas que las personas compartan y cooperen para alcanzar logros más importantes. Sería ideal que olvidaras la manera de evaluar que utilizas habitualmente, y que convirtieras el aprendizaje en tu razón de ser y que no le dieras tanta importancia a aprobar, a las notas y a los rankings.

Sé creativa, sé inclusiva, sé disruptiva, sé emotiva, pero sobre todo no olvides nunca los intereses y las necesidades de los niños, jóvenes y adultos con los que interactúas. Adáptate a ellos, ten en cuenta sus talentos, sus inteligencias, su capacidad de asombro, su curiosidad... no los trates a todos por igual, permite que cada persona pueda desarrollar al máximo sus posibilidades.

Deja de tenerle miedo a la tecnología... sé lista y alíate con ella, sé inteligente e incorpora todo aquello que pueden aportarte las TIC. Pero, eso sí, mantente firme y no pierdas tu esencia por hacerte tecnológica.

No olvides nunca que creo en ti, que creemos en ti, que sé que eres la herramienta que puede hacer cambiar el mundo, que puede cambiar la vida de las personas, que puede hacernos mejores.


Atentamente tuyo.



P.D.: No te dejes influenciar por aquellos que confunden la excelencia educativa con la memorización y la recitación de contenidos en un examen. No olvides nunca que tan importantes son los contenidos que inculcas como los valores que transmites.

domingo, 5 de julio de 2015

Rompiendo las reglas de la educación

"Más vale aprender de pie, que aprobar arrodillado"... suena a frase de revolucionario histórico pero, en mi opinión, es una de las claves para entender la transformación del paradigma educativo que se está produciendo en el mundo líquido en el que vivimos.

Al igual que sucede con el agua de un río, la educación cuando fluye es fuente de vida y bienestar, pero cuando se estanca es un foco de infecciones y putrefacción. La educación no puede dejar de transformarse cada día, de fluir y buscar nuevos caminos que recorrer, nuevos campos que regar... no puede dejar de circular libremente por el cauce de la vida.

Si queremos cambiar la educación que reciben nuestros hijos y alumnos debemos ser valientes y afrontar importantes retos personales y plantearnos algunos dilemas éticos cuya resolución marcará el devenir de nuestra manera de educar en cualquier tiempo y lugar (ya sea en el hogar, en los centros escolares, al esperar para cruzar una calle hasta que el semáforo se ponga en verde o al utilizar las papeleras en lugar de tirar desperdicios al suelo...).

El primer reto personal que hay que afrontar es decidir qué es lo verdaderamente importante en la educación. Muchos piensan que lo fundamental es obtener las mejores calificaciones posibles pues nuestros sistemas educativos priorizan la evaluación cuantitativa por encima de la cualitativa; pero el peligro de esta opción es facilitar un aprendizaje memorístico a corto plazo que no deja casi ninguna huella una vez realizado el examen o la evaluación pertinente.

Hoy hay que ser valiente para pensar que hay otros aspectos de la educación que marcan de manera esencial el futuro académico y personal de nuestros hijos y alumnos, en palabras de Richard Gerver:

"Entonces, ¿qué tipo de personas tendrán que ser nuestros hijos? Por encima de todo, necesitarán niveles altísimos de confianza en sí mismos, tendrán que ser adaptables, capaces de utilizar su creatividad natural, y conscientes de sus propias fortalezas y debilidades. Deberán tener cada vez mayor conciencia de sí mismos a nivel emocional e intelectual, además de ser capaces de establecer relaciones de manera rápida, efectiva y a menudo 'virtual'." (en Crear hoy la escuela del mañana)

Otro de los dilemas a los que se debe enfrentar un educador es a quién le debe fidelidad, a sus hijos o alumnos o al sistema educativo imperante. ¿Lo importante es seguir los currículos y sacar buenos resultados en las pruebas de evaluación externas que nos permitan estar bien situados en los rankings? ¡No! lo importante es dotar a nuestros hijos o alumnos de las herramientas intelectuales y de carácter que le permitan aprender de forma autónoma durante toda su vida. Lo mejor de todo es que creo sinceramente que ambas cosas no son necesariamente incompatibles como lo demuestran cientos de buenas prácticas que se están desarrollando cada día en nuestras escuelas.

Hay personas que tienen miedo a romper las reglas tradicionalmente establecidas en la educación, pero con estas reglas lo único que conseguimos es multiplicar por cero las capacidades y talentos de los chavales. El otro día un profesor de enseñanza secundaria me dijo que a él no le pagaban para educar a sus alumnos sino para enseñarles Física y Química... fue justo en ese momento cuando me di cuenta de lo necesario que es romper las reglas establecidas para adaptar la educación a los tiempos presentes.

domingo, 28 de junio de 2015

Educar es actuar y transformar, no acumular y repetir

La responsabilidad de un docente es enseñar a cada uno de sus alumnos y alumnas como si de él o ella dependiera el futuro de la humanidad o, al menos, como si pudieran aportar alguna cosa que mejore de un modo u otro nuestro mundo.

Alguno de ellos podrá hacer algún importante descubrimiento científico, encontrar la cura de alguna enfermedad, descubrir la manera de teletransportarnos, averiguar el modo de viajar al espacio a la velocidad de la luz... o puede que sea capaz de escribir una obra literaria a la altura del Quijote, componer música que perdure en el tiempo, pintar cuadros que lleguen al alma de las personas... quién sabe qué es lo que pueden hacer nuestros alumnos. Lo único cierto es que merecen que los eduquemos como si cada uno de ellos sea especial y pueda hacer algo importante en la vida.

Hay un conocido dicho que afirma que "a veces se gana, a veces se pierde, pero siempre se aprende", por ello, es importante que la educación no limite a las personas sino que permita que desarrollen al máximo sus potencialidades y talentos. 

Yo quiero estudiantes que sepan matemáticas, física, tecnología, literatura, filosofía... pero quiero que también sean creativos, capaces de controlar sus emociones, capaces de tolerar la frustración que aprendan de sus errores, que conviertan sus fracasos en un paso más hacia el éxito. En principio, el conocimiento por sí mismo no sirve para nada, lo que realmente importa es que podamos utilizarlo para resolver problemas, adaptarnos a los cambios, tener espíritu crítico, crear cultura...

La educación debe orientarse hacia el ser y no hacia el tener. Cada día estoy más convencido de ello. Al igual que sucede con el dinero, la acumulación de información, de datos no da la felicidad, depende de cómo y para qué se use. Ni yo, ni nadie sabemos cómo serán la sociedad y la educación del futuro. Se está construyendo, pero por desgracia no hay ningún plano que dirija esta inmensa obra. Se están levantando de manera descoordinada las diversas partes del edificio sin preocuparnos de hacer una buena planificación, unos buenos cimientos ni utilizar los mejores materiales. Da un poco de miedo pensar en lo que puede llegar a ser la educación del futuro si no somos capaces de elaborar unos buenos planos que nos guíen.

lunes, 22 de junio de 2015

¡Comprometidos!... con la educación

Es verano (en España) y durante algo más de dos meses las aulas permanecerán cerradas por vacaciones. Las escuelas e institutos se vacían de alumnos pero no de trabajo... los docentes (al menos la mayoría de ellos) aprovechan para formarse, para reciclarse, para hacer balance del curso y para preparar el próximo.

Cierran las aulas pero la educación no hace vacaciones, porque no solo educa la escuela sino que también educan la familia, los amigos, los medios de comunicación, las redes sociales... la “curiosa” lista de tareas para el verano de un profesor italiano de la que estos días la redes sociales y la prensa se hacen eco es una hermosa muestra de ello. 

Porque la educación es cosa de todos, porque se educa en todo momento y en cualquier lugar, todos y cada uno de nosotros debemos estar comprometidos con ella. Padres, abuelos, docentes, monitores de tiempo libre, políticos, psicólogos, deportistas, payasos, cantantes, ingenieros, peluqueros... debemos adquirir el compromiso de tener un comportamiento, una actitud, una manera de hacer y de ser que esté en consonancia con la manera adecuada de educar a nuestros niños y jóvenes.

Lo primero que deberíamos hacer es consensuar unos valores fundamentales basado en los derechos humanos y el respeto a las personas que nos sirvan de guía en todos y cada uno de nuestros actos y acciones. Yo propongo estos 10 valores: flexibilidad, curiosidad, autonomía, emprendimiento, creatividad, tolerancia, cooperación, responsabilidad, transparencia y entusiasmo.

También es necesario que nos comprometamos a dialogar, es decir, que seamos capaces de hablar y escuchar, que aprendamos a debatir siendo capaces de argumentar nuestras opiniones y de escuchar respetuosamente las de los demás. Debatir no es lo que lo que hacen los políticos y menos aún lo que hacen los tertulianos de las televisiones... eso como mucho es discutir o polemizar. El diálogo es la base para una buena convivencia.

Muy relacionado con el punto anterior, debemos ser capaces de proponer, de convencer con argumentos, en lugar de imponer. Tenemos que dejar a un lado el “porque lo digo yo” ya que con este argumento se consigue casi siempre el efecto contrario al deseado. Lo que se impone por la fuerza de la autoridad suele causar rechazo.

Nuestro compromiso con la educación pasa por innovar en todos los aspectos de la vida, es decir, por la búsqueda constante e incansable de nuevas maneras de afrontar los retos, los problemas. La capacidad de afrontar los cambios es una necesidad básica en nuestros días, donde nada permanece donde todo parece estar programado para convertirse en obsoleto en poco tiempo. Por ello, las personas comprometidas con la educación deben ser capaces de crear nuevas ideas, nuevos objetos más allá de lo establecido.

Compartir (en todos los sentidos), más que competir, debería ser el sustento de nuestros actos. No solo compartir para que nadie viva en precario, sin lo necesario para una existencia digna, sino compartir ideas, experiencias. Colectivamente somos capaces de multiplicar nuestras capacidades individuales... ser conscientes de que vivimos en comunidad nos ayudará a comportarnos y a actuar de manera más ecuánime y equitativa.

Estar comprometidos con la educación es ser conscientes de que nuestro ejemplo es un modelo para los demás, de que todos y cada uno de nuestros actos tienen una consecuencia. La escuela es un espacio privilegiado para educar pero no el único, la educación es cosa de todos.

lunes, 15 de junio de 2015

Aprender creativamente: tiempo libre y aburrimiento

"Aburrirse en el momento adecuado es signo de inteligencia." Clifton Paul Fadiman

La educación que como padres y docentes ofrecemos a nuestros hijos y alumnos no puede ser igual a la que les ofrecíamos hace una década.

Esta afirmación, que parece obvia y de sentido común, topa con uno de los inconvenientes más grandes que tenemos los educadores si no estamos permanentemente atentos a nuestra labor y formándonos continuamente: tenemos tendencia a enseñar de la misma forma como nos han enseñado a nosotros, reproduciendo así modelos obsoletos que no pueden dar respuesta a las necesidades de la sociedad y de las personas de nuestro tiempo.

Hoy sabemos que tener pleno acceso a grandes cantidades de información, a todo un océano de datos, no es lo mismo que tener acceso al conocimiento, no es lo mismo que generar sabiduría. Este es uno de los grandes retos de la educación actual.

Por ese motivo, parece evidente que la educación ya no puede tener como objetivo que los alumnos tengan acceso a la información, que la memoricen y la reciten. Si la información está al alcance de cualquiera, en cualquier momento y en cualquier lugar, lo importante no es retener esa información en nuestro cerebro sino saber qué hacer con ella, cómo utilizarla para resolver problemas, para plantear y responder preguntas. Lo fundamental es que la educación nos enseñe a actuar, a hacer, a dudar, a cuestionar, a convivir, a comunicarnos.

Para que esto sea posible una de las cosas que debemos hacer es permitir que los niños tengan más tiempo libre y, en consecuencia, tengan la oportunidad de aburrirse. Esto no significa que en la escuela deban hacer actividades que no les motiven ni que en casa se pasen horas mirando la televisión sin prestarle atención. ¡Todo lo contrario!

Que tengan más tiempo para el ocio y que lo dediquen en lo que ellos quieran les da la posibilidad de que busquen por sí mismos recursos, soluciones, opciones para entretenerse... Sin duda, el aburrimiento (o mejor dicho, el buscar no caer en él) despierta la creatividad de los niños posibilitando un aprendizaje más autónomo, más emprendedor.

Dejemos a nuestros hijos y alumnos un poco más de espacio, permitámosles que se equivoquen, no se lo demos todo hecho, no tomemos todas las decisiones por ellos... y, sin duda, aprenderán mucho más creativamente ahora y en el futuro.