sábado, 20 de diciembre de 2014

8 citas para entender la educación


Para entender cómo es la educación que necesitamos es necesario saber lo que dicen los “grandes” pensadores de nuestro tiempo. Sus palabras son las estrellas que deberían indicarnos el camino. Aquí te presento algunas citas que, como un GPS, te ayudarán a no perderte en tu viaje educativo:

Zygmunt Bauman: “Olvidar por completo y con rapidez la información obsoleta y las costumbres añejas puede ser más importante para el éxito futuro que memorizar jugadas pasadas y construir estrategias basadas en un aprendizaje previo.” 

Richard Gerver: “En la actualidad, la capacidad para cambiar, a todos los niveles,  es tan fundamental para nuestra supervivencia y prosperidad como nuestra capacidad de respirar.” 

Roger Schank: “Cuando la materia que se enseña no tiene nada que ver con los objetivos reales  de los estudiantes, se olvidará por completo.” 

Ken Robinson: “(…) si no estás preparado para equivocarte, nunca te ocurrirá nada original.” 

Roger Schank: "El aprendizaje para toda la vida no es tanto la continua adquisición de conocimiento, sino la mejora de nuestra habilidad para realizar esos procesos por medio de la adquisición y el análisis de las experiencias aportadas." 

Paul Tough: [...] lo más importante para el desarrollo de un niño no es la cantidad de información que se consigue meter en su cerebro durante sus primeros años. Lo crucial es si somos capaces de ayudarles a desarrollar un conjunto diverso de cualidades entre las que se incluyen la perseverancia, el autocontrol, la curiosidad, la meticulosidad, la resolución y la autoconfianza.” 

Nuccio Ordine: "A menudo se olvida que un buen profesor es ante todo un infatigable estudiante."

María Montessori: “La mayor señal del éxito de un profesor es poder decir: Ahora los niños trabajan como si yo no existiera.”

lunes, 15 de diciembre de 2014

5 consejos para que un docente sea un buen comunicador

" [...] un entorno que contenga principalmente estímulos predecibles o repetidos, como el caso de algunas aulas, provoca un descenso en el interés del cerebro por el mundo externo y que se vuelque hacia dentro para buscar nuevas sensaciones." David A. Sousa: Neurociencia educativa. Mente, cerebro y educación. Madrid, Narcea, 2014.

Tradicionalmente las aulas de las escuelas se han diseñado más para favorecer la disciplina que el aprendizaje. Siguiendo los principios del Panóptico de Bentham, en las aulas todo quedaba bajo la permanente mirada inquisitiva y controladora del docente. Hace algunos años solo se movía el mobiliario de las clases para evitar que los alumnos copiaran durante los exámenes. ¡Qué barbaridad!

Esta disposición de las aulas, a modo de auditorio, también posibilitaba que los profesores se limitaran a hablar ante su "público" mientras que este tomaba apuntes de todo lo que decía o de lo que eran capaces de intuir que era importante. El docente era un conferenciante incontinente y el alumno un receptor pasivo de su sabiduría.

Es cierto que un profesor es, en realidad, un comunicador. Un docente transmite constantemente a sus alumnos ideas, opiniones, consejos, experiencias, valoraciones... pero, lo que es realmente importante es cómo transmite esa información y, a su vez, cómo la procesa el alumno.

Para que el mensaje del docente llegue de manera efectiva a sus alumnos debe cumplir algunos requisitos. Estas son algunas de las características que, a mi juicio, debe tener toda interacción entre profesores y estudiantes:

1. ¡Sorpréndeles! Saber de antemano lo que va a pasar en clase es muy poco motivante y excesivamente aburrido. Para que los alumnos estén receptivos debemos despertar su interés, mantenerlos siempre atentos. La sorpresa, lo inesperado, tiene un alto valor didáctico.

2. Empatiza con ellos. Ponte en su lugar, adapta lo que haces en función de lo que ellos te transmitan. En otras palabras, "lee" la clase, evalúa constantemente si lo que estás haciendo cumple con su objetivo... y si no lo cumple, ten la capacidad de proponer algo distinto. Los alumnos no deben adaptarse a ti, sino tú a ellos.

3. No les aburras. Sé creativo, rompe con la rutina, sonríe, emociónales... No se trata de convertir las clases en un espectáculo de humor o de teatro, sino de no permitir que la rutina y el desencanto se apoderen de tus alumnos. 

4. Rétales. No pretendas darles todo hecho. Lánzales retos, deja que ellos también sean creadores activos de contenidos. Provócales, posibilita que se despierte su curiosidad y utilízala para que su aprendizaje sea significativo.

5. Escúchales. Para poder hacer todo lo dicho anteriormente, es necesario que escuches a tus alumnos, que les des voz, que tengan una parte de responsabilidad en su aprendizaje. Escúchales de forma activa, que ellos perciban que sus opiniones y peticiones tienen incidencia en las clases.

Un consejo extra: utiliza todos los medios que estén a tu alcance para comunicarte con tus alumnos. Los vídeos, los videojuegos, las redes sociales son herramientas imprescindibles para conseguirlo y, por supuesto, no tengas miedo en transformar la estructura de tu aula cada vez que lo consideres necesario.

lunes, 8 de diciembre de 2014

El extraño caso de los padres y madres que vuelven a la escuela

“La forma más directa y eficaz de matar el asombro de un niño es darle todo lo que quiere, sin ni siquiera darle la oportunidad de desearlo.” Catherine L’Ecuyer: Educar en el asombro.

Los niños que lo tienen todo, que no conocen límites, que consiguen lo que quieren sin esfuerzo, cuando sean mayores serán “adultos kleenex”.

Me explico. Hace un tiempo todo el mundo usaba pañuelos de tela, que una vez usados se lavaban y podían utilizarse tantas veces como se quisiera. Ahora todos utilizamos pañuelos de papel desechables (o kleenex, pues se conocen por su nombre comercial), que son de un solo uso. Un “adulto kleenex” es aquel que es incapaz de adaptarse a situaciones nuevas, que tiene una baja tolerancia a frustración, que no es capaz de formarse permanentemente y que, por tanto, no es capaz de alcanzar el éxito en un mundo cada más inestable.

Un niño consentido y sobreprotegido será un adulto incapaz, será un adulto que se enfrentará al mundo con angustia, con dudas, con problemas de socialización y de autoestima.

Uno de los síntomas más claros de los padres y madres que sobreprotegen a sus hijos es cuando parece que han vuelto a la escuela y se encargan de hacer las tareas escolares de sus hijos. Bajo la excusa de ayudarles, les sustituyen siendo ellos los que acaban haciendo los deberes, siendo ellos los que buscan la información que necesitan para realizar sus trabajos académicos e incluso se los redactan. No dejar que tus hijos sean responsables de sus tareas, sean responsables ante sus obligaciones tiene un efecto perverso, totalmente contrario al que se persigue.

Un niño no debe ser el reflejo de los sueños inalcanzados de sus padres. Los padres (y los educadores en general) deberíamos tener como objetivo que nuestros hijos y alumnos sean capaces de aprender por sí mismos, de solucionar problemas de manera autónoma.

Para conseguir este objetivo es fundamental que padres y docentes trabajen conjuntamente. Los padres deben reconocer y autorizar ante sus hijos la labor de maestros y profesores. Y los docentes deben contar con los padres para establecer los objetivos y las estrategias de aprendizaje de la escuela. El fin último de la educación es que los niños tengan la capacidad de asumir responsabilidades.

lunes, 1 de diciembre de 2014

¿Por qué fracasan en la escuela alumnos con un cociente intelectual alto?


[...] lo más importante para el desarrollo de un niño no es la cantidad de información que se consigue meter en su cerebro durante sus primeros años. Lo crucial es si somos capaces de ayudarles a desarrollar un conjunto diverso de cualidades entre las que se incluyen la perseverancia, el autocontrol, la curiosidad, la meticulosidad, la resolución y la autoconfianza.” Paul Tough: Cómo triunfan los niños. Determinación, curiosidad y el poder del carácter. Madrid, Ediciones Palabra, 2014.

En el post anterior, Adelgazar el currículo para engordar el aprendizaje, comenté la necesidad de seleccionar mejor los conceptos e informaciones que deben enseñarse en nuestras escuelas para dejar espacio a la imaginación y a la creatividad, que son elementos fundamentales para un aprendizaje significativo.

Hoy me gustaría ir un poco más allá e intentar dar respuesta a estas cuestiones: ¿Por qué fracasan en la escuela alumnos con un cociente intelectual alto? ¿Por qué no tienen éxito en la vida personas con un alto nivel de formación académica?

Descubrí a Paul Tough durante una de las sesiones plenarias de WISE 2014. Me llamó poderosamente la atención su teoría de que los rasgos de personalidad, eso que llamamos carácter, tienen una incidencia fundamental en el éxito, ya sea escolar o vital, de las personas. Me interesó tanto que al día siguiente de llegar de Catar fui a la librería a comprar su libro Cómo triunfan los niños... Su lectura ha merecido la pena: la recomiendo.

A partir de la descripción y el análisis de diferentes experiencias de éxito académico, Tough nos invita a desarrollar en nuestros alumnos hábitos de conducta adecuados más que conseguir alcanzar objetivos intelectuales. Propone 7 destrezas para predecir el éxito en la vida: determinación, autocontrol, entusiasmo, inteligencia social, gratitud, optimismo y curiosidad. Está convencido de que estas destrezas pueden ser evaluadas y que, además, el perfil “intelectual” de los alumnos debería ir acompañado de su perfil de "personalidad". Afirma que el perfil de personalidad es un indicador más efectivo para predecir el éxito que el perfil intelectual.

En su opinión, para el éxito en la vida es más importante tener un alto nivel de tolerancia a la frustración que un alto coeficiente intelectual. Esta idea choca frontalmente con la creencia que predomina en la gran mayoría de nuestras escuelas de que la inteligencia es la clave del éxito. Pero todos conocemos casos de niños con altas capacidades que fracasan en la escuela, entre otras razones, porque no tienen perseverancia, autoconfianza ni meticulosidad. Pequeños monstruos tiranos que usan su "inteligencia" para imponer su voluntad a los adultos que les rodean (padres, docentes...) y que reaccionan airadamente cada vez que no consiguen lo que quieren en el momento en el que lo quieren.

Los alumnos que aprenden a ser meticulosos tienen más posibilidades de éxito en la vida que aquellos que llenan su cabeza de datos e informaciones. La meticulosidad es la cualidad que nos permite esforzarnos para hacer o conseguir algo sin esperar una recompensa inmediata... lo que hace que sea una cualidad fundamental para un buen desarrollo de las personas.

Tough también afirma que los profesores que muestran afecto a sus alumnos obtienen mejores resultados que aquellos que permanecen distantes. Y que hay que preparar a los alumnos para afrontar eficazmente las situaciones de estrés a las que se ven sometidas en las escuelas (suspender un examen, hacer los deberes a tiempo...).

Sé que muchos pensarán que el carácter es algo innato, pero no lo es. Se puede aprender a regular las emociones, a tener una mayor tolerancia a la frustración, a ser optimista... y, además, resulta que estos aprendizaje son más efectivos para tener éxito en la vida que la ciencia infusa del conocimiento erudito que se enseña en la mayoría de las escuelas.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Adelgazar el currículo para engordar el aprendizaje

"[...] procuro no cargar mi memoria con datos que puedo encontrar en cualquier manual, ya que el gran valor de la educación no consiste en atiborrarse de datos, sino en preparar el cerebro para pensar por su propia cuenta y así llegar a conocer algo que no figure en los libros." Albert Einstein

Me disgusta escuchar que "la escuela es un lugar de estudio pero no de aprendizaje", que "la escuela mata la creatividad"... En mi opinión, es justo al contrario: la escuela es un lugar privilegiado para aprender creativamente.

Ahora bien, lo que sucede es que el inmovilismo de las metodologías tradicionales y el enquilosamiento de las leyes educativas son dos lastres demasiado pesados que, en demasiadas ocasiones, imposibilitan a la escuela cumplir con su verdadera función.

Aunque todavía hay muchos docentes y pedagogos que no comparten esta idea, aprender no es memorizar y reproducir datos e ideas. Aprender tiene que ver con la capacidad de entender y asimilar contenidos, con saber aplicarlos para resolver problemas. Tradicionalmente se ha relacionado la excelencia de un alumno con su erudición, proclamando que sin esfuerzo y sacrificio no es posible el aprendizaje. Pero estoy convencido de que la excelencia de un alumno tiene que ver con su capacidad de analizar situaciones problemáticas y proponer soluciones creativas y personales aplicando aquello que ha aprendido en el aula. Esto también requiere de esfuerzo, sin duda, pero cuando el esfuerzo es motivador es causa de disfrute y no de sufrimiento.

Si alguien cree que por no tener que memorizar datos, fechas, fórmulas y lugares nuestros alumnos son menos inteligentes, está totalmente equivocado. Es mucho más difícil y complejo enseñar a un alumno a tener pensamiento crítico, a tener una inteligencia práctica (o ejecutiva, en terminología de José Antonio Marina), que llenar su cabeza con datos enciclopédicos que, como mucho, son útiles para participar en concursos televisivos. En este sentido, en muchas escuela se evalúa a los alumnos para premiarlos o castigarlos, cuando en realidad la evaluación debería servir para detectar lo que funciona y lo que no funciona en el proceso de enseñanza/aprendizaje para poder que sea efectivo.

En alguna ocasión he escuchado que los sistemas educativos deben ser muy exigentes, pues a mayor nivel de exigencia, mejores resultados se obtienen. ¡Qué peligro tiene esa afirmación! Eso hace que los currículos sean cada vez más y más desmesurados, estableciendo como estándares de aprendizaje (aquello que deben saber todos los alumnos de un cierto nivel educativo) unos contenidos excesivos que son inalcanzable para una buena parte del alumnado, lo que implica su exclusión del sistema.

Por supuesto que tiene que haber un cierto nivel de exigencia, ¡faltaría más! No se trata de que los alumnos no tengan que hacer ningún tipo de esfuerzo para aprender. Se trata de que ese esfuerzo no sea doloroso sino gozoso. No hay sensación más agradable que la que obtiene un niño cuando aprende algo... solo hay que mirar la expresión de alegría que se refleja en su cara.

Einstein, al que ya he citado al principio del post, decía que "la imaginación es más importante que el conocimiento".  Para que la imaginación y la creatividad tengan cabida en la escuela, es absolutamente necesario que adelgacemos los currículos. Solo así la escuela podrá cumplir con su verdadera función.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Lo urgente y lo importante en la educación

La paciencia y la constancia son dos valores en franca decadencia en nuestra sociedad de la incertidumbre y, por tanto, también en nuestra forma de educar.

Parece que tenemos prisa por conseguir que nuestros hijos y alumnos sean los más listos, los más preparados, los mejores en todo. Queremos que hagan deporte (y ganen), que aprendan idiomas, música, ballet... Queremos cualquier cosa en lugar de ser pacientes y permitirles que sean niños, es decir, que jueguen, que experimenten, que se aburran, que se equivoquen, que rían, que lloren...

Desde bien pequeños los "hiperestimulamos", les obligamos a quemar etapas, les entrenamos para que desarrollen sus habilidades más allá de su nivel de maduración... Les adiestramos para que sean "pequeños Einstein", cualquier cosa menos permitirles que sean niños.

La precipitación, la impaciencia y la inconstancia están acabando con la infancia porque no permiten que se establezcan unos cimientos sólidos que ayuden a que los aprendizajes futuros sean consistentes y estables. Estamos educando a gigantes con pies de barro con muy poca tolerancia a la frustración y muy poca capacidad de aprender autónomamente. Da la sensación de que nos da miedo que aprendan por sí solos, nos aterra soltarlos de la mano, cuando es la manera como tendrán que aprender durante el resto de su vida.

Por otro lado, si de verdad queremos innovar la educación, no valen prisas e impaciencias. Para que los cambios en nuestra forma de educar no sean solo "modificaciones" sino verdaderas "transformaciones" debemos ser perseverantes, tenaces, firmes e insistentes. Las cosas que se improvisan o se hacen deprisa pueden provocan cambios parciales y no permanentes; las cosas que se hacen con paciencia provocan cambios que perduran en el tiempo e inciden en la esencia misma del aprendizaje.

En esta sociedad inestable tenemos el deber de ofrecer una educación que tenga como base la paciencia y la constancia. Para que esa educación sea de calidad y los alumnos alcancen la excelencia no es obligatorio que sufran, el esfuerzo puede ir acompañado del gozo que produce el trabajo significativo y motivante.

Parafraseando a Mafalda, lo urgente y lo importante no siempre (casi nunca) coinciden en la educación de nuestros niños. Por tanto, despreocupémonos de lo urgente y ocupémonos de lo importante.



miércoles, 12 de noviembre de 2014

La creatividad en el alma de la educación. Mi experiencia en WISE 2014

Hay ocasiones en las que uno se siente afortunado. Así me sentí los pasados días 4 a 6 de noviembre al asistir a WISE 2014, en Doha (Catar). Para aquellos que no la conozcan, la Cumbre Mundial para la Innovación en la Educación (WISE) es una plataforma internacional multisectorial que fomenta la innovación y la reflexión sobre el futuro de la educación. Bajo el lema: Imaginar, crear, aprender. La creatividad en el corazón de la educación, más de 1.500 personas, de unos 119 países, compartimos durante tres días ideas, vivencias y experiencias sobre educación.

 


Si me resultó estimulante escuchar a algunas de las figuras más prestigiosas de la pedagogía mundial (Tony Wagner, Paul Tough, James Paul Gee...), aún más enriquecedor fue conocer y compartir vivencias con personas que están llevando a cabo en sus países experiencias educativas increíbles.

Me resulta imposible intentar explicaros todo lo que sucedió en WISE: sesiones plenarias, debates, workshops, Meet-Ups, Time-Outs... por lo que os comentaré algunas de la ideas que más me han impactado y os haré un pequeño resumen del Meet-Up que conduje bajo el tema ¿Cómo la educación en valores puede hacer más creativa e innovadora la escuela del siglo XXI?

Una de las ideas que quiero destacar es que, para dar respuesta a las necesidades del mundo actual, la creatividad debe estar presente en la escuela. Me he permitido jugar con el lema de WISE para decir que la creatividad debe estar presente en el "alma" de la educación, que me parece aún más transcendente que decir en el "corazón". Enseñar sin creatividad no es educar sino adiestrar, amaestrar, instruir...

En la escuela tradicional se piensa que la creatividad es para unos pocos, para aquellos con alma de artista. Pero nada más lejos de la realidad, todos los alumnos deben aprender a resolver problemas creativamente y tienen derecho (y necesidad) de equivocarse. El error ha sido, y es, castigado por las evaluaciones escolares.

La tendencia actual de la educación a seguir evaluaciones estandarizadas (PISA, PIRLSS...) conduce a una enseñanza dirigida a la aprobación de los test, a una enseñanza que deja fuera del sistema a una gran cantidad de alumnos que, en cambio, tienen "otros" talentos que se desaprovechan. En una educación creativa, los estudiantes deben explorar las ideas, deben ser capaces de desarrollar el pensamiento crítico y deben ser capaces de comunicar sus opiniones y conocimientos: son creadores de contenido más allá de ser meros consumidores.

En palabras de Alfredo Hernando (@alfredohernando), con quien compartí muchos y buenos momentos en WISE: "La creatividad es al siglo XXI lo que la Luna al siglo XX. Un sueño, una metáfora que acelera otros conceptos arrastrados en la inercia de su atracción."


En lo que se refiere al Meet-Up que tuve la oportunidad de conducir sobre cómo la educación en valores puede hacer más creativa la escuela, a partir de algunas de la ideas de uno de los post que escribí hace algún tiempo, 10 valores fundamentales para educar en el siglo XXI, establecimos un diálogo muy interesante donde las participantes (a las que podéis ver en la fotografía) explicaban sus experiencias y la situación de la educación en valores en sus respectivos países (Argentina, Colombia, Bolivia, Guatemala, Perú y Turquía). Todos los participantes coincidimos en destacar la importancia de los valores y las emociones en la educación para conseguir formar personas que puedan participar de la sociedad de forma activa y responsable. También comentamos que el aprendizaje significativo está muy relacionado con las emociones.

Con una organización impecable y unos recursos muy bien aprovechados, WISE es un referente único para innovar en educación. La experiencia que he vivido en WISE 2014 supone una inyección de entusiasmo y una recarga en mi ánimo por seguir colaborando, en la medida de mis posibilidades, por construir una educación que dé repuesta a las necesidades de nuestros tiempos.

En este enlace podéis ver las principales sesiones de WISE 2014.