martes, 15 de julio de 2014

El verdadero sentido de la educación

El otro día, viendo como unos críos hacían figuras de barro, me di cuenta de que las personas somos como la arcilla que utilizamos para modelar.

Al principio, cuando abres el envoltorio, el barro se maneja con suma facilidad, puedes darle cualquier forma que puedas imaginar. Con el paso del tiempo, la arcilla se va secando y pierde progresivamente su capacidad para ser modelada, hasta quedar inevitablemente rígida con una forma determinada, que ya no puede ser modificada (a no ser que se rompa en mil pedazos).

Cuando somos niños, los seres humanos tenemos una capacidad inconmensurable para adquirir cualquier forma que deseemos, somos arcilla fresca: aprendemos sin descanso, casi sin esfuerzo, somos capaces de buscar soluciones diversas a situaciones problemáticas, nos adaptamos sin dificultad a nuevas circunstancias... Es lo que nos ayuda a sobrevivir como especie.

Con el paso de los años, esa capacidad de aprendizaje se va limitando. Unos dicen que es por efecto de la escolarización, pero en realidad se trata de una cuestión neurológica al ir configurándose nuestro cerebro. Aunque en realidad nuestro cerebro nunca pierde del todo la capacidad de modificarse.

Una errónea interpretación de esta cuestión, ha provocado que durante mucho tiempo se percibiera que el objetivo de la educación era dar forma a los niños, es decir, hacerlos adultos según unas ideas preestablecidas por la sociedad. O lo que es lo mismo, una vez modelado el niño en adulto, se dejaba secar para que permaneciera por siempre así, inmutable. Una vez finalizados los estudios, la figura ya estaba moldeada y debía dejarse secar.

Pero nada es más contrario a la esencia misma de la educación. La auténtica función de la educación es procurar que la arcilla no se seque nunca, que mantenga por siempre la capacidad para adoptar distintas formas, que pueda cambiar de forma siempre que sea preciso. ¡Esa es la auténtica esencia de la educación!

La función de los docentes no es hacer de ceramistas o escultores sino de cuidadores de la materia prima, de la arcilla. La misión de los educadores es mantener siempre fresca la arcilla que permitirá a los niños seguir aprendiendo autónomamente de adultos.

El verdadero sentido de la educación es formar a los niños para que ellos mismos se conviertan en adultos capaces de participar activamente de la sociedad, con espíritu crítico e infinita capacidad de adaptación a los retos que se le planteen en el futuro.

lunes, 7 de julio de 2014

¿Tu aula tiene eco?

En la naturaleza, cuando estás en un acantilado y gritas tu nombre a pleno pulmón, recibir la respuesta del eco es una experiencia increíble. De hecho, difícilmente puedes resistirte a gritar todo lo que se te ocurre para escuchar la respuesta lejana y repetitiva de tu propia voz.

Pero si sucede lo mismo en el aula de una escuela, el efecto es justo todo lo contrario, es síntoma de una mala praxis educativa. Cuando un docente habla y lo único que escucha son sus propias palabras pero con la voz de sus alumnos, es una experiencia decepcionante.

Cuando un "alumno/eco" se limita a repetir las palabras, las ideas y las experiencias de otros... ¡algo estamos haciendo mal! Cuando un alumno recibe lecciones y solo le pedimos que sea capaz de recitarlas, estamos incumpliendo con nuestra obligación como educadores. En nuestras aulas, lo único que se debería recitar de memoria es poesía. Las lecciones ya no se dan, el aprendizaje necesita ser vivenciado, precisa de experimentación, análisis, colaboración, creatividad...

Al igual que el sonido del eco va apagándose poco a poco, lo mismo sucede con el aprendizaje de los "alumno/eco". Con el paso del tiempo, aquello que han memorizado sin ningún tipo de compresión ni significatividad, se va olvidando hasta borrarse del todo sin dejar el más mínimo rastro.

Ese tipo aprendizaje, que María Acaso llama "bulímico", es el síntoma más evidente de una escuela caduca e ineficaz, pues no cumple con su función principal que es la de formar personas con espíritu crítico que puedan participar activamente en la mejora de nuestra sociedad. Pedir a los alumnos que memoricen y evaluarlos en función de su capacidad de recordar y transmitir aquello que se les ha dicho, es un claro ejemplo de lo lejos que está la escuela del mundo actual.

Debemos dejar de formar "alumnos/eco" para empezar a formar "alumnos" (sin ninguna etiqueta) que sean capaces de buscar distintas soluciones a problemas, que sepan adaptarse a las nuevas situaciones, que puedan trabajar colaborativamente para crear contenidos. En definitiva, nuestra labor es dotar a estos alumnos de las herramientas, las destrezas y las capacidades para aprender a lo largo de toda su vida.

miércoles, 2 de julio de 2014

El equipaje educativo

Ahora que es periodo vacacional en España, he estado reflexionando sobre las semejanzas entre educar y viajar, pues la educación es un largo viaje sin fin. El tiempo de aprendizaje ha dejado de ser corto para durar toda una vida, lo que nos obliga a estar en permanente movimiento de un lugar a otro, adaptándonos en todo momento a lo que necesitamos como personas y como miembros de la sociedad.

Los viajes y los procesos educativos nunca son iguales para las personas. Lo que para uno es un viaje idílico, para otro puede ser una tortura insufrible. Por eso, es absolutamente necesario personalizar la educación y no aplicar fórmulas unificadoras como elemento único de evaluación de los procesos de enseñanza/aprendizaje (me refiero a las pruebas estandarizadas que tan de moda están en los últimos tiempos). 

Para realizar un viaje es indispensable planificarlo con antelación. Lo primero que debes decidir es el lugar que quieres visitar y, en función del lugar escogido, hacer una lista de lo que debes llevar como equipaje en tus maletas. Debes conocer el clima del lugar, las costumbres más destacadas, la documentación que necesitas para viajar, el medio de transporte más adecuado para llegar hasta allí...

Lo mismo sucede con la educación. En función del lugar al que se quiere llegar, o sea, en función de los objetivos que se pretenden alcanzar con los alumnos, deberemos poner unas cosas u otras en el equipaje. Deberemos analizar qué necesitaremos, qué instrumentos o herramientas serán más efectivas, qué recursos didácticos son los adecuados, etc. Una maleta educativa bien hecha es pues fundamental para educar. Las maletas, como los proyectos educativos, no se pueden improvisar.

También debemos decidir el tipo de viaje que queremos realizar: uno que nos permita ver muchas cosas en muy poco tiempo o, al revés, uno que nos permita conocer en profundidad. Imaginemos que nuestro viaje transcurre por tierra, que lo realizaremos en un automóvil. Para transitar en vehículo por carretera, debemos adaptar nuestra conducción al tipo de vía por el que circulamos y respetar las normas de tráfico. Circular a toda velocidad en una carretera mal asfaltada, estrecha y con curvas puede llevarnos a tener un accidente fatal.

En educación sucede lo mismo. Debemos enseñar y aprender a la velocidad adecuada para cada ocasión, sin olvidar nunca que cada uno tiene su propio ritmo de aprendizaje. Algunos alumnos aprenden con la facilidad con la que se conduce en una autopista y otros, en cambio, aprenden como si circularan en carreteras secundarias.

Me gustaría acabar este post con una reflexión... 

Si como digo viajar y educar tienen tanto en común, ¿por qué nos empeñamos en cerrar las puertas de nuestras aulas (literal y metafóricamente)? Viajar y educar implican compartir experiencias y prácticas, aprender los unos de los otros, colaborar y cooperar... por lo que debemos empezar a enseñar con las puertas de nuestras aulas abiertas (literal y metafóricamente).

lunes, 16 de junio de 2014

Del tachón al Tipp-Ex: innovar la educación

¿Por qué no permitimos que nuestros hijos y alumnos se equivoquen? ¿Por qué castigamos o sancionamos sus errores?

Nunca en la historia habíamos dispuesto de tecnologías que facilitaran la corrección de errores de una manera tan simple y rápida. ¿Recordáis, los que tenemos ya algunos años seguro que sí, lo complicado que era corregir una errata en un texto escrito con una máquina de escribir? ¡Y lo sencillo que es con un ordenador y un procesador de textos que además tiene corrector ortográfico! (Yo mismo, escribiendo estas palabras, no sé cuántas veces podido rectificar y corregir el texto).

Todo empezó con el Tipp-Ex, que sirve para pintar de blanco los errores de escritura y volver a intentarlo encima. No es necesario empezar de nuevo, ni tan siquiera se nota a penas. ¡Qué gran metáfora para la educación!

Tenemos la tecnología para no castigar el error... entonces, ¿por qué lo hacemos? Dicen algunos que es porque la facilidad para enmendar los errores lleva a la improvisación, a la falta de concentración, a la falta de atención... Yo creo, en cambio, que lleva a la creatividad, a la respuesta divergente, a la innovación, a la mejora continua...

Me gustaría que todos los padres y docentes fueran como el Tipp-Ex, que facilitaran enmendar los errores sin castigarlos. Claro que nuestros hijos y alumnos pueden equivocarse, tapar su error con Tipp-Ex y volverse a equivocar... Se trata de que los niños aprendan de sus errores, no que les causen frustración, desánimo, estrés, fatiga o dolor.

Solo os pediría que tengáis también presente que el uso del corrector oculta el error, queda bajo el líquido blanco. Para educar debemos conocer y analizar ese error porque nos aporta información importante para mejorar el proceso de aprendizaje. Por eso, antes de usar el Tipp-Ex, fijaos en dónde falla, evaluad el error, pero no para culpabilizarlo sino para enmendarlo, para proponer pautas de intervención que ayuden a reducir los fallos

Los chicos y chicas de hoy en día están habituados a los videojuegos. En ellos tienen un número de vidas o intentos para conseguir un objetivo e, incluso,  tienen la posibilidad de conseguir más vidas si hacen determinadas acciones o cumplen objetivos... ¿no podemos algo parecido en nuestras escuelas?

martes, 10 de junio de 2014

Los educadores no somos porteros de discoteca

Hoy, como siempre, la viñeta que publica El Roto en el diario El País (10 de junio de 2014) me ha hecho pensar en la gran capacidad de análisis que tiene este genial ilustrador. En la viñeta se ve a un señor bien trajeado sentado en un sillón que dice: "Renovación sí, pero siempre que sea de lo mismo.

Lo que El Roto quiere transmitir a nivel de política general, creo que es totalmente válido en el ámbito educativo. Al margen de encuestas y declaraciones grandilocuentes... ¿Cuántos miembros de la comunidad educativa quieren un cambio real de paradigma? Unos por mantener el estatus, otros por no complicarse la vida, otros por desidia o desencanto... me temo que el porcentaje de miembros de la comunidad educativa que están por un cambio real y radical de la manera de enseñar en nuestras escuelas son (somos) una inmensa minoría.

En mi opinión, no podemos permitirnos "más de lo mismo". Los actuales sistemas educativos tienen la perversión de convertir a los docentes en una especie de "porteros de discoteca" que deciden quién puede entrar y quién no, en función de criterios muy discutibles. Los actuales sistemas de evaluación obligan a los docentes a etiquetar a los alumnos de manera rígida valorando aspectos memorísticos y de recitación de contenidos... por mucho que se quieran evaluar competencias todavía evaluamos principalmente conceptos.

Aplicamos modelos estandarizados para evaluar a nuestros alumnos sin tener en cuenta ni sus talentos ni sus capacidades personales. Castigamos el error, marcándolo como fracaso y no como oportunidad de acercarse al éxito. Creemos que es justo exigir a todos lo mismo... pero eso no es la verdadera educación.

La educación, como las llaves, puede abrir o cerrar puertas... y las puertas, como la educación, sirven para entrar o salir de un lugar.

Nuestra obligación como educadores es la de abrir puertas, la de ofrecer oportunidades, la de mostrar caminos, la de orientar hacia nuevos horizontes. Nuestra función como educadores nunca, jamás, debería de ser la de cerrar puertas.

Innovación y creatividad son los motores para el cambio educativo, pero ¡qué pereza que les da a algunos!

martes, 3 de junio de 2014

Cuestionar, compartir, crear: claves de la educación

"El progreso se ha convertido en algo así como un persistente juego de las sillas en el que un segundo de distracción puede comportar una derrota irreversible y una exclusión inapelable." Zygmunt BAUMAN: Tiempos líquidos. Barcelona, Tusquets Editores, 2013 (página 21)

Ya he comentado en otras ocasiones que la escuela tradicional estaba pensada para un mundo previsible (permanente). En cambio, la escuela de nuestros tiempos, esa que todavía está por construir, debe dar respuesta a un mundo mutable (movimiento continuo). Por eso, los hombres y mujeres de nuestra sociedad no pueden detenerse nunca, no pueden dejar de aprender y formarse, porque si lo hacen corren el riesgo de "perder su silla" y quedar fuera de juego en la sociedad, tanto laboralmente como personalmente.

José Antonio Marina cree que el conocimiento está al servicio de la acción. En su libro La inteligencia ejecutiva dice que la "Inteligencia es la capacidad de dirigir bien el comportamiento, eligiendo metas, aprovechando la información y regulando las emociones." La escuela del aprendizaje memorístico de contenidos, del silencio y la obediencia, debe dejar paso a una escuela de la acción donde se enseñe a los alumnos a tomar decisiones, a dar respuestas creativas, a tolerar la frustración que supone el fracaso (el error), a adaptarse a nuevas situaciones...

Cuestionar... este es uno de los verbos clave de la educación escolar del siglo XXI. Ya no vale la aceptación ciega del conocimiento que transmiten los docentes en las aulas, ahora se trata de ponerlo en tela de juicio, de verificarlo, de reconocer su provisionalidad. El alumno debe ser creador de conocimiento, debe plantearse preguntas más que dar respuestas.

Para ello, debemos hacer alumnos más competentes... debemos sustituir la competencia por la solidaridad. Compartir... este es otro de los verbos esenciales de la educación en nuestras escuelas. La colaboración es clave en las relaciones que se establecen entre las personas que viven en esta sociedad voluble.

Las personas ya no necesitamos ser depositarias de datos y cifras. Todo eso puede guardarse en una memoria externa a nuestra mente. Eso libera a nuestro cerebro para potenciar otro tipo de capacidades. Crear... y no reproducir es el tercer verbo fundamental para la educación de las personas de nuestra sociedad.

Cuestionar, compartir, crear son las "tres C" que dan forma y sentido a la educación escolar del siglo XXI, son el fundamento para crear una nueva escuela.

lunes, 26 de mayo de 2014

La educación impaciente

"La paciencia es la fortaleza del débil y la impaciencia, la debilidad del fuerte." Immanuel Kant


La impaciencia es, quizás, la característica más significativa que define la sociedad en la que vivimos. "Rápido", "de prisa", "inmediato", "ahora"... son expresiones cotidianas en los tiempos que corren (o vuelan). Todo se basa en "aquí y ahora"; ya no hacemos planes a largo plazo. Y, por supuesto, esto también ocurre en la educación.

Hoy la educación es impaciente. De hecho, este post podría haberse titulado también Pedagogía del tuit, por nuestra tendencia a condensarlo todo, a expresar nuestras ideas en 140 caracteres. La educación actual es multitarea y, como diría Nicholas Carr, algo superficial. Pero eso no es a causa de internet, ni de las tecnologías de la información, es consecuencia de la actitud de las personas que nos dedicamos a la educación ante nuestra tarea diaria.

Queremos enseñar tan deprisa que incluso tenemos la tendencia, algo absurda, de utilizar acrónimos y abreviaturas para referirnos a conceptos pedagógicos e instituciones educativas: MOOC, PLE, ESO, IES, CEIP, LOMCE, PISA, UNED, TIC... se convierten en expresiones habituales en nuestro lenguaje educativo cotidiano.

Muchas veces caemos en la impaciencia por tener que enseñar a nuestros alumnos todo lo que se establece en los (inabarcables) currículos según marca la legislación educativa, otras veces por la presión de las evaluaciones externas, otras por la exigencia de la dirección de nuestro centro que pide resultados...

La impaciencia en educación solo puede generar desencanto, frustración, agresividad, depresión. Necesitamos una educación que deje de lado lo inmediato para centrarse en el incierto futuro que se encontrarán nuestros alumnos. Educar significa dotar de las herramientas (competencias, destrezas, habilidades) necesarias para saber afrontar lo desconocido, para saber adaptarse a situaciones cambiantes. Los objetivos de la educación deben ser la búsqueda permanente, desaprender, olvidar, crear, reconsiderar, innovar y eso es un proceso de largo recorrido.

Resilencia, tolerancia a la frustración son conceptos clave en la educación actual. En palabras de Pablo Neruda:

"Solo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres. Así la poesía no habrá cantado en vano."