domingo, 18 de enero de 2015

La educación como ascensor social

La educación, le pese a quien le pese, es la herramienta que debería permitir la igualdad de oportunidades entre todos los miembros de una sociedad al margen de su origen, riqueza o posición social. La educación es lo que debería permitir "crecer" a las personas como individuos y, al mismo tiempo, lo que les debería permitir desarrollar todo su potencial para ponerlo al servicio de la comunidad.

Lamentablemente parece que la idea de la educación como ascensor social ha caído en el olvido. Impedir que la educación cumpla con su función de ascensor no es educar sino adiestrar o adoctrinar. Una escuela que está al servicio de las necesidades de la economía no educa sino que amaestra o domestica.

Es por este motivo que me gustaría reivindicar esa función de la educación como garante de la equidad. Para ello me gustaría explicar cómo debería ser ese ascensor. Más que a los ascensores que podemos encontrarnos en el bloque de piso donde vivimos, la educación debería ser como el gran ascensor de cristal que describe Roald Dahl en Charlie y la fábrica de chocolate y en su secuela Charlie y el gran ascensor de cristal.

Un ascensor de cristal que permite observar el exterior y ser observado; un ascensor que no solo sube y baja sino que puede moverse en cuaquier direccción; un ascensor que conduce a las personas que lleva dentro a vivir todo aquello que imaginan. Sí, es cierto que un ascensor así no existe en el mundo real, que es fruto de la imaginación y del genio crativo de un escritor, pero eso no impide que aspiremos a que exista. Todos los grandes inventos han sido posibles porque un día alguien dejó volar su imaginación y creyó que aquello que no existía era posible.

Por tanto, pensemos en una educación que, en lugar de priorizar el conocimiento abstracto textual, tiene como objetivo resolver problemas. Una educación que pasa revisiones (evaluaciones) periódicas para comprobar su buen funcionamiento y evitar averías y accidentes. Una educación transparente que permite al mundo exterior entrar en el aula y al aula salir al mundo "real", que permite contactar con personas de otros lugares. Una educación que potencia los talentos de cada uno de los niños más allá de los test estandarizados, una educación que enseña a pensar, a tener ideas propias, y no una educación alienadora. Una educación que emociona, que enseña a resolver conflictos dialogando.

Pensemos en una educación así... y puede que un día exista para todos.

domingo, 11 de enero de 2015

El docente como espejo de sus alumnos

Es fascinante constatar que las dos estructuras cerebrales que son las principales responsables del recuerdo a largo plazo (la amígdala y el hipocampo) están situadas en el área emocional del cerebro.” David A. Sousa: Neurociencia educativa.

Ya he comentado en otras entradas de este blog (Educación emocional: sentir para aprender y Educar es emocionante, educar es emocionar) que las emociones juegan un papel fundamental en el aprendizaje. Cada día estoy más convencido de que tan importante es lo que lo que se enseña como la manera de enseñarlo.

Esta afirmación a la que muchos docentes han llegado como fruto de su propia experiencia diaria, parece quedar también confirmada por la neurociencia. En la última década del siglo XX, un equipo de científicos italianos descubrió que en nuestro cerebro hay neuronas espejo que “nos permiten reconocer la experiencia de los demás y comprender las emociones ajenas, así como empatizar.” (Sousa)

Este descubrimiento me parece de gran importancia para la educación pues en toda relación de enseñanza/aprendizaje son fundamentales la interacción y la identificación (imitación y empatía). Entre otras muchas cosas, un profesor es un espejo. En él se ven reflejados sus alumnos y la imagen que perciben es la que, en buena parte, va a condicionar su éxito o su fracaso escolar y vital. Pero, ¿qué se refleja en ese espejo? ¿Se refleja lo que es realmente el alumno o se refleja la imagen que de él se forma el docente? 

Conviene recordar que no todos los espejos son iguales. En función de su forma, el reflejo da una imagen más exacta de la realidad o, por el contrario, una imagen más distorsionada. Un aula no debería ser una especie de Palacio de los espejos de un parque de atracciones donde, según si nos miramos en una espejo cóncavo o convexo, nos vemos más altos y delgados o más pequeños y regordetes de lo que en realidad somos. Por eso es importante que todo docente sea consciente de la imagen que quiere reflejar de cada uno de sus alumnos y alumnas.

Mención especial requieren los alumnos que no se ven reflejados en sus profesores o lo que podríamos denominar Síndrome del alumno invisible. Son aquellos alumnos que quedan excluidos de la realidad del aula ya sea por su conducta o por su comportamiento, es decir, aquellos alumnos que, voluntaria o involuntariamente, quedan al margen de las expectativas docentes. Son alumnos y alumnas que están presentes en la clase pero que no participan activamente lo que les hace invisibles. Es tarea del docente que no haya ningún alumno invisible en su aula.

En mi opinión, en nuestros centros educativos se educa con miedo, porque todavía se cree que la escuela es un lugar de instrucción, de transmisión (pura y dura) de conocimientos “académicos”. Pero la escuela, lo quiera o no, lo pretenda o no, también es un lugar de transmisión de valores. Por eso debemos tener presentes a todos los alumnos, especialmente a aquellos que tienen más dificultades con los contenidos más académicos o curriculares.

Hay un conocido principio pedagógico que dice que las expectativas que tiene un docente de sus alumnos casi siempre se acaban cumpliendo. Por este motivo, ¡mantén altas tus expectativas para con tus alumnos! ¡Todos son capaces de hacer grandes cosas! No lo dudes ni un segundo.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Mi lista de "despropósitos" para el 2015

Por estas fechas es habitual hacer listas bienintencionadas de propósitos para el nuevo año. Se trata de una especie de catarsis que tiene la intención de transformar nuestros hábitos y comportamientos para mejorar en nuestra vida, en nuestro trabajo... Lo que sucede en realidad es que estas listas no suelen cumplirse nunca. Con lo que no solo son una pérdida de tiempo, sino que también son causa de frustración.

Por este motivo he decidido hacer una lista de despropósitos para el 2015... igual consigo que no se cumplan y, de este modo, consigo cambiar algunas cosas y ser un poco mejor cada día:

1. Seguir haciendo lo mismo cada día. Me siento a gusto en mi zona de confort y no tengo ninguna necesidad de complicarme la vida. Mi objetivo es estar tranquilo, vivir sin sobresaltos.

2. No probar nada nuevo. Lo que ha funcionado siempre, seguro que sigue funcionando ahora. Aunque el mundo y la sociedad cambien a una velocidad cada vez mayor, yo no tengo ninguna necesidad de hacer nada distinto. ¡Que el mundo se adapte a mi!

3. Ya sé todo lo que debo saber (que para eso estudié en la universidad). Ya estudié cuando tenía que hacerlo y ahora toca vivir de rentas. No hace falta aprender nada nuevo. La formación continua es una patraña y una pérdida de tiempo innecesaria.

4. No compartir nada. Lo que tengo y lo que sé es para mi y para nadie más. Compartir no me aporta nada. ¡Tengo que ser cada día más egoista!

5. Dejar de creer en utopías y ser más materialista. Ya es hora de dejar de soñar, hay que ser realista y dejar de creer que la educación sirve para transformar el mundo.

Tengo la esperanza de que al hacer esta lista de despropósitos se consiga el efecto contrario y se cumpla de verdad aquello de "año nuevo, vida nueva" porque, al menos en el mundo de la educación, es muy necesario.

P.D.: Mis mejores deseos (personales y educativos) para el nuevo año.

lunes, 22 de diciembre de 2014

El Blog de Salvaroj os desea Felices Fiestas y buen 2015

En este año que acaba, gracias a tod@s los que semana a semana dedicáis un instante de vuestra vida a compartir mis reflexiones sobre educación, El Blog de Salvaroj se ha hecho un poco más grande. Nos han dado una bonita peonza de plata en los premios Espiral Edublogs, hemos ido a Catar a participar en WISE 2014 y, lo que es más importante, hemos hecho un montón de nuevos amigos.

A tod@s los que compartís lo que escribo, a los que lo comentáis, a los que lo criticáis, a los que me motiváis para seguir escribiendo, a los que siempre estáis ahí (aunque sea en silencio):

FELICES FIESTAS Y QUE EN EL AÑO 2015 SE CUMPLAN TODOS VUESTROS DESEOS, LOS PERSONALES Y LOS EDUCATIVOS.


La tarjeta de este año es obra de Laura Pérez Febrero (@scraperalimoner) que, a parte de ser una gran "scrapera" y autora del blog Scraperalimonera, es la persona que inspira cada minuto de mi existencia y a la que le robo mucho tiempo para poder mantener activo mi blog.

sábado, 20 de diciembre de 2014

8 citas para entender la educación


Para entender cómo es la educación que necesitamos es necesario saber lo que dicen los “grandes” pensadores de nuestro tiempo. Sus palabras son las estrellas que deberían indicarnos el camino. Aquí te presento algunas citas que, como un GPS, te ayudarán a no perderte en tu viaje educativo:

Zygmunt Bauman: “Olvidar por completo y con rapidez la información obsoleta y las costumbres añejas puede ser más importante para el éxito futuro que memorizar jugadas pasadas y construir estrategias basadas en un aprendizaje previo.” 

Richard Gerver: “En la actualidad, la capacidad para cambiar, a todos los niveles,  es tan fundamental para nuestra supervivencia y prosperidad como nuestra capacidad de respirar.” 

Roger Schank: “Cuando la materia que se enseña no tiene nada que ver con los objetivos reales  de los estudiantes, se olvidará por completo.” 

Ken Robinson: “(…) si no estás preparado para equivocarte, nunca te ocurrirá nada original.” 

Roger Schank: "El aprendizaje para toda la vida no es tanto la continua adquisición de conocimiento, sino la mejora de nuestra habilidad para realizar esos procesos por medio de la adquisición y el análisis de las experiencias aportadas." 

Paul Tough: [...] lo más importante para el desarrollo de un niño no es la cantidad de información que se consigue meter en su cerebro durante sus primeros años. Lo crucial es si somos capaces de ayudarles a desarrollar un conjunto diverso de cualidades entre las que se incluyen la perseverancia, el autocontrol, la curiosidad, la meticulosidad, la resolución y la autoconfianza.” 

Nuccio Ordine: "A menudo se olvida que un buen profesor es ante todo un infatigable estudiante."

María Montessori: “La mayor señal del éxito de un profesor es poder decir: Ahora los niños trabajan como si yo no existiera.”

lunes, 15 de diciembre de 2014

5 consejos para que un docente sea un buen comunicador

" [...] un entorno que contenga principalmente estímulos predecibles o repetidos, como el caso de algunas aulas, provoca un descenso en el interés del cerebro por el mundo externo y que se vuelque hacia dentro para buscar nuevas sensaciones." David A. Sousa: Neurociencia educativa. Mente, cerebro y educación. Madrid, Narcea, 2014.

Tradicionalmente las aulas de las escuelas se han diseñado más para favorecer la disciplina que el aprendizaje. Siguiendo los principios del Panóptico de Bentham, en las aulas todo quedaba bajo la permanente mirada inquisitiva y controladora del docente. Hace algunos años solo se movía el mobiliario de las clases para evitar que los alumnos copiaran durante los exámenes. ¡Qué barbaridad!

Esta disposición de las aulas, a modo de auditorio, también posibilitaba que los profesores se limitaran a hablar ante su "público" mientras que este tomaba apuntes de todo lo que decía o de lo que eran capaces de intuir que era importante. El docente era un conferenciante incontinente y el alumno un receptor pasivo de su sabiduría.

Es cierto que un profesor es, en realidad, un comunicador. Un docente transmite constantemente a sus alumnos ideas, opiniones, consejos, experiencias, valoraciones... pero, lo que es realmente importante es cómo transmite esa información y, a su vez, cómo la procesa el alumno.

Para que el mensaje del docente llegue de manera efectiva a sus alumnos debe cumplir algunos requisitos. Estas son algunas de las características que, a mi juicio, debe tener toda interacción entre profesores y estudiantes:

1. ¡Sorpréndeles! Saber de antemano lo que va a pasar en clase es muy poco motivante y excesivamente aburrido. Para que los alumnos estén receptivos debemos despertar su interés, mantenerlos siempre atentos. La sorpresa, lo inesperado, tiene un alto valor didáctico.

2. Empatiza con ellos. Ponte en su lugar, adapta lo que haces en función de lo que ellos te transmitan. En otras palabras, "lee" la clase, evalúa constantemente si lo que estás haciendo cumple con su objetivo... y si no lo cumple, ten la capacidad de proponer algo distinto. Los alumnos no deben adaptarse a ti, sino tú a ellos.

3. No les aburras. Sé creativo, rompe con la rutina, sonríe, emociónales... No se trata de convertir las clases en un espectáculo de humor o de teatro, sino de no permitir que la rutina y el desencanto se apoderen de tus alumnos. 

4. Rétales. No pretendas darles todo hecho. Lánzales retos, deja que ellos también sean creadores activos de contenidos. Provócales, posibilita que se despierte su curiosidad y utilízala para que su aprendizaje sea significativo.

5. Escúchales. Para poder hacer todo lo dicho anteriormente, es necesario que escuches a tus alumnos, que les des voz, que tengan una parte de responsabilidad en su aprendizaje. Escúchales de forma activa, que ellos perciban que sus opiniones y peticiones tienen incidencia en las clases.

Un consejo extra: utiliza todos los medios que estén a tu alcance para comunicarte con tus alumnos. Los vídeos, los videojuegos, las redes sociales son herramientas imprescindibles para conseguirlo y, por supuesto, no tengas miedo en transformar la estructura de tu aula cada vez que lo consideres necesario.

lunes, 8 de diciembre de 2014

El extraño caso de los padres y madres que vuelven a la escuela

“La forma más directa y eficaz de matar el asombro de un niño es darle todo lo que quiere, sin ni siquiera darle la oportunidad de desearlo.” Catherine L’Ecuyer: Educar en el asombro.

Los niños que lo tienen todo, que no conocen límites, que consiguen lo que quieren sin esfuerzo, cuando sean mayores serán “adultos kleenex”.

Me explico. Hace un tiempo todo el mundo usaba pañuelos de tela, que una vez usados se lavaban y podían utilizarse tantas veces como se quisiera. Ahora todos utilizamos pañuelos de papel desechables (o kleenex, pues se conocen por su nombre comercial), que son de un solo uso. Un “adulto kleenex” es aquel que es incapaz de adaptarse a situaciones nuevas, que tiene una baja tolerancia a frustración, que no es capaz de formarse permanentemente y que, por tanto, no es capaz de alcanzar el éxito en un mundo cada más inestable.

Un niño consentido y sobreprotegido será un adulto incapaz, será un adulto que se enfrentará al mundo con angustia, con dudas, con problemas de socialización y de autoestima.

Uno de los síntomas más claros de los padres y madres que sobreprotegen a sus hijos es cuando parece que han vuelto a la escuela y se encargan de hacer las tareas escolares de sus hijos. Bajo la excusa de ayudarles, les sustituyen siendo ellos los que acaban haciendo los deberes, siendo ellos los que buscan la información que necesitan para realizar sus trabajos académicos e incluso se los redactan. No dejar que tus hijos sean responsables de sus tareas, sean responsables ante sus obligaciones tiene un efecto perverso, totalmente contrario al que se persigue.

Un niño no debe ser el reflejo de los sueños inalcanzados de sus padres. Los padres (y los educadores en general) deberíamos tener como objetivo que nuestros hijos y alumnos sean capaces de aprender por sí mismos, de solucionar problemas de manera autónoma.

Para conseguir este objetivo es fundamental que padres y docentes trabajen conjuntamente. Los padres deben reconocer y autorizar ante sus hijos la labor de maestros y profesores. Y los docentes deben contar con los padres para establecer los objetivos y las estrategias de aprendizaje de la escuela. El fin último de la educación es que los niños tengan la capacidad de asumir responsabilidades.